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Los problemas no fueron pocos. El
primero resultó de no saber qué pasaba con los derechos de
autor. Ante el vacío legal que existe en nuestro país sobre
la materia,
decidieron guiarse por las mismas leyes que corren para los
libros en Braille o en casete (son de libre circulación
siempre y cuando se haga en forma gratuita y para ciegos) y
restringir el acceso al sistema sólo a no videntes.
El otro problema era el trabajo largo y tedioso de escanear y
corregir los textos (quienes manejan escáners saben que los
programas OCR de reconocimiento de caracteres están lejos de
ser infalibles) Por eso intentaron gestionar ante las
editoriales para que les cedieran los originales digitales de
las obras. Como el principal temor de las empresas era que se
piratearan los archivos de texto con el material, además de
restringir el acceso, André, el programador de la banda, se
abocó a la tarea de crear un formato (y su correspondiente
reproductor) que permitiera el intercambio de archivos pero
que no hiciera posible su lectura con la vista. Así nació el
formato .tfl ("la primera versión era un espanto",
reconoce André) y el programa Tiflolector que cumple con esas
dos premisas.
Con todas estas precauciones, salieron tímidamente a
contactarse con las editoriales y el primer encuentro cercano
fue con gente de otro Planeta: Para esa editorial, en una
Feria del Libro, firmaba Ernesto Sábato. Inmediatamente
consiguieron el aval de la empresa y del autor y así fue como
el primer original con el que contaron fue "La
Resistencia" (nombre por demás simbólico) del escritor
de Santos Lugares. Con este aval se sumaron otras editoriales
aunque aún quedan muchas que se niegan a esta posibilidad. |