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La tecnología no es un fin en sí mismo
(como a veces nos quieren hacer creer) y cobra sentido cuando
a partir de su uso le puede facilitar y mejorar la vida a
alguien y se transforma en el vehículo de emprendimientos
que, al conocerlos, insuflan un aire de optimismo al
alicaído panorama cotidiano. Esto último es TifloLibros,
una aventura casera y gratuita destinada a fomentar la lectura
entre los no videntes a partir del aprovechamiento de tecnología
existente, que sin apoyo privado ni oficial, se transformó en
la primera biblioteca digital para ciegos del mundo (y por el
momento la única en habla hispana) que ya acumula más de
cuatro mil libros, cerca de 600 miembros en su lista de correo
y la creación de un formato propio de encriptación del
material para evitar la piratería.
Y van por más: acaban de sellar un acuerdo con la Biblioteca
del Congreso de la Nación para que se implemente el
sistema en su nuevo edificio, planean incorporar a la lista
libros de estudio para que utilicen los alumnos de las
escuelas para disminuidos visuales y para solventar tamaña
empresa ya tienen en desarrollo juegos de PC para ciegos,
entre otras cosas. Y algo más: la idea, su desarrollo y
mantenimiento, la creación del sitio y la programación del
formato propio y de los juegos fue realizado por un grupo de
cinco personas de las cuales cuatro son no videntes, entre
ellos
los programadores: Pablo Lecuona (27 años y "casi"
Licenciado en Ciencias de la Comunicación de la UBA), Mara
Lis Vilar (la única del grupo que ve, 27 años, esposa de
Pablo y profesora de ciegos), André Duré (24 años,
Programador y encargado del área técnica), Marta Traina (31,
esposa de André y estudiante de Ciencias de la Comunicación
de la UBA) y Gustavo Ramírez (Analista de Sistemas)
Las ideas que conforman la base de TifloLibros no son
revolucionarias, sin embargo la unión de todas ellas y su
organización crearon este fenómeno que tiene
"socios" en 28 países. Básicamente se trata de
digitalizar libros, es decir escanearlos o tipearlos
completamente y hacer que un programa lector de pantalla los
verbalice y puedan ser escuchados a través de los parlantes o
con auriculares. El segundo paso (al igual que los otros, no
premeditados) fue contactarse con otros usuarios de Internet
ciegos para intercambiarse material de texto y por último el
gran salto fue armar un sitio en la Red y acumular todo ese
material para centralizar los libros en un sólo lugar y desde
ese servidor gestionar la recepción y el envío de material
al ciego que lo solicite vía e mail. |