Hasta hace unos años, las personas
no videntes sólo podían entrar en el mundo de la
literatura mediante la lectura en braille o textos
grabados en cassette. Hoy, con una computadora y un
programa especial, una persona ciega puede acceder a la
primera biblioteca virtual en lengua hispana para
discapacitados visuales, llamada Tiflolibros, y leer -o,
mejor dicho, escuchar- miles de libros por su cuenta.
Funciona en el sitio de Internet www.tiflolibros.com.ar
y es totalmente gratuita, aunque es necesario un código
para ingresar, que se entrega al presentar -vía
Internet- algún certificado donde se demuestra la
discapacidad visual.
Los encargados de la biblioteca
escanean los textos y los guardan en la base de datos
del sitio. Luego, los usuarios piden algún ejemplar
almacenado y, mediante un programa, una voz sintetizada
va leyendo página por página para deleite de quien lo
escucha en su casa.
Tiflolibros cuenta con
aproximadamente 4100 volúmenes en formato digital, de
uso exclusivo para ciegos. Editoriales como Planeta,
Alfaguara y el Fondo de Cultura Económica están cediéndole
sus novedades en formato digital. Por eso, los lectores
de este servicio pueden disfrutar de obras de autores
como Manuel Puig, María Esther de Miguel, Abelardo
Castillo, Mario Benedetti y Julio Cortázar, entre
otros. "Esto nos permite no perder la inmediatez,
no quedarnos atrasados con respecto a aquellos que
pueden leer", explicó Marta Traina, encargada de
prensa de la biblioteca.
Usuarios de todo el mundo
Los suscriptores son unos 400. La
lista incluye lectores de 28 países, entre Dinamarca,
Francia, Croacia, España y la República Checa. La
mayor parte de los textos está en español, aunque se
han agregado artículos en portugués e inglés.
"Tiflolibros da independencia a las personas no
videntes, porque pueden comprar un libro, escanearlos en
sus casas, enviarnos luego el material digitalizado a la
biblioteca y, finalmente, escuchar el relato",
continuó Pablo Lecuona, director de la institución.
De hecho, la mayor parte de los
ejemplares fue aportada por los propios usuarios, cuando
escaneaban caseramente algunos textos dispersos. Pablo
Lecuona y su mujer pensaron en intercambiar esos retazos
para ahorrar esfuerzos y así surgió en 1999 la
idea de esta biblioteca. El emprendimiento nació de la
mano de dos matrimonios ciegos, Pablo Lecuona, Mara Lis
Vilar, André Duré y Marta Traina. Unos buscan textos
para el deleite personal, mientras que otros, profesores
o alumnos de español en otros países, utilizan las
obras como material de apoyo para sus clases.
Próximamente, se incluirán apuntes
y artículos para los niveles primario, secundario y
universitario. "Sabemos lo que es depender de
alguien que nos lea para estudiar. Es estar a merced de
sus horarios y sus ganas. Esperamos que este nuevo
proyecto sea de gran utilidad", contó Traina.
Maricruz Barcia