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Tiempo estimado de lectura 1'13''
Al principio,
los libros en Braille eran copiados por voluntarios que marcaban la
cartulina punto por punto con un punzón. En los 40 se inventó
la máquina Perkins, que también usan los no videntes. Como en el
Braille hay un máximo de seis puntos por letra, cada una de las seis
teclas de la máquina equivale a un punto. Tipear una letra es como
tocar un acorde en el piano.
Para transcribir un libro al
Braille hacía falta que una persona vidente lo dictara a otra,
sentada a la máquina Perkins; por eso eran ejemplares únicos. Para
imprimir un texto en serio —algo más costoso— se usan planchas de
metal con las "letras" en relieve.
La informática tuvo un
enorme valor para los discapacitados visuales. Casi cualquier texto
en la pantalla de la computadora puede ser leído —es decir,
escuchado— mediante un programa llamado sintetizador de
voz. Los textos en papel "se escanean" y cargan a la PC, se
"leen-oyen" o se imprimen en impresoras que marcan puntos en vez de
tinta. Pero como el sintetizador o el escáner a veces
distorsionan, la corrección es tan importante como darle formato
Braille al texto.
Gracias a estas herramientas y a programas
especiales, los discapacitados visuales se mueven en Internet sin
limitaciones para todo lo que sea textos. Hace dos años, un grupo de
Buenos Aires creó el sitio http://www.tiflolibros.com.ar/, la primera
biblioteca digital para ciegos de habla hispana, que ya tiene casi
4.000 libros y socios gratis en todo el mundo. Algunas editoriales
también ceden sus novedades que, mediante el programa Tiflolector,
lee "en voz alta" la obra, aunque no aparece en pantalla ni se puede
imprimir.
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