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                        Libros electrónicos para ciegos

Primera Biblioteca Digital para Ciegos de Habla Hispana

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¿Querés libros macanudos?

Por Francisco Martínez Calvo

CUARTO CRECIENTE

Revista literaria
Número dos - Diciembre 2001
O.N.C.E.
Centro Bibliográfico y Cultural
Madrid (España)

Sección "Literatura en la red"

"Primera biblioteca digital para ciegos de habla hispana". Así es como se nos presenta, y no vamos nosotros a discutírselo, pero a mí no es eso lo que más me llama la atención de Tiflolibros, sino que bien pudiera considerarse la "primera biblioteca digital de ciegos de habla hispana", al menos la primera en organizarse a través de la red, en crear sus páginas, hacer públicos sus fondos y... algo mucho más importante, ofrecer un sistema propio de lectura de libros electrónicos.

Tiflolibros - Libros digitalizados para ciegos (www.tiflolibros.com.ar) nació a finales de 1999 del deseo de tres amigos argentinos de intercambiar los libros que cada uno de ellos había digitalizado para su uso personal. Empezaron siendo una humilde biblioteca virtual, es decir, una simple lista de libros con los correos electrónicos de quienes decían tenerlos. Hoy por hoy, han alcanzado el rango de biblioteca electrónica (o digital, que lo mismo da), en la cual han concentrado casi 3.000 obras que ponen a disposición de toda aquella persona ciega o deficiente visual que quiera leer en su ordenador. La gran mayoría está en español, pero también hay alguna en alemán, catalán, francés, inglés y portugués.

La suscripción se solicita a través de dos listas de correos. Ambas te darán el acceso necesario para poder descargar los libros de la biblioteca, pero una de ellas, además, te permite comunicarte con el resto de los suscriptores, mientras la otra se limita a informarte un par de veces por semana de las nuevas “adquisiciones” de la biblioteca. Los libros a descargar se nos ofrecen en uno (y en ocasiones en dos) de estos formatos: texto braille, texto MS-DOS, RTF, Word, algún PDF y... TFL.

Por alargar el misterio, podemos definir un libro con extensión TFL como aquel que sólo puede leerse a través del tiflolector. Y por acabar con esta tensión absurda, os diré que el tiflolector es un pequeño programa que corre bajo Windows 95 en adelante, que ha sido desarrollado por uno de los colaboradores de Tiflolibros y que permite visualizar en una ventana, de manera invisible, el texto de un libro. Esta visualización enmascarada, de ninguna utilidad para un lector vidente, puede ser leída perfectamente por cualquier versión de Jaws igual o superior a la 3.31. Para aquellos que no cuenten con esta síntesis de voz, Tiflolibros ofrece un enlace para descargar una demo del programa.

El Tiflolector es tan sencillo que parece imposible que no se haya inventado antes. El texto aparece en una ventana con un color de fuente idéntico al del fondo, algo que a Jaws le importa muy poco. Esta ventana aparentemente vacía tiene las opciones de menú justas para que sea útil sin complicarlo o hacerlo engorroso. Abrir y cerrar libro, navegar entre los enlaces propuestos por el “editor” del libro y la posibilidad de dejar una marca de lectura con nota incluida. Para los “inquietos”, las opciones de edición del botón derecho del ratón (copiar, pegar, etc.) ni siquiera se molestan en aparecer.

Este "lector" les habrá ahorrado más de un problema con los propietarios de los derechos de las obras ofrecidas en este formato y, muy posiblemente, les habrá ayudado a la hora de conseguir del Grupo Planeta Argentina y del Fondo de Cultura Económica algunos de sus textos. Porque, a diferencia de otras bibliotecas electrónicas, Tiflolibros, junto a los inevitables Clásicos, nos ofrece algunos títulos sin olor a alcanfor. Entre los 18 títulos en formato TFL tenemos los “Inventarios” de Mario Benedetti o “Abaddón el Exterminador” y “Sobre héroes y tumbas”  de Sábato. Las obras en formato braille son minoría, y no deja de sorprender encontrar en formatos como Texto MS-DOS, Word o RTF obras tan actuales como “Retrato en sepia” o “La casa de los espíritus” de Isabel Allende, “El nombre de la rosa” o “El péndulo de Foucault” de Humberto Eco, “El viaje de Baldasare” de Amin Maalouf, “Piratas” de Alberto Vázquez Figueroa o “El país del alma” de Nuria Amat. Rebuscando entre las últimas incorporaciones, me alegró encontrar el libro de relatos que publicó en su día uno de nuestros afiliados, “El dios de las estrellas dormidas”, de Saúl Orea Mateo.

Sobre el estado del texto, de cada una de las obras se nos indica si está corregida, parcialmente corregida o sin corregir.

Como pasa siempre con estas cosas, se empieza con un listado de libros y se acaba con muchas más cosas. A modo más que nada testimonial, Tiflolibros también tiene su sala de audio, con algún cuento de Cortázar, algún texto de Benedetti, etc., que precisan de Real Player para su disfrute. De más enjundia es la página de descargas de software, centrado, lógicamente, en herramientas que hagan la lectura de libros electrónicos un proceso más sencillo, como los plug-ins de accesibilidad para distintas versiones de Acrobat Reader, con el fin de que Jaws pueda leer los documentos PDF. Entre estas utilidades nos encontramos con el Bratin, un programa desarrollado hace años por un técnico del CIDAT (entonces UTT) para sustituir los códigos del formato Braille por sus correspondientes en formato tinta.

En las páginas de Tiflolibros hay aún más cosas: un libro en busca de autores, enlaces a entrevistas, a otras bibliotecas electrónicas, a cuentos creados por miembros del grupo y... bueno, como suelo decir, el resto lo tenéis que descubrir vosotros mismos.

 


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