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electrónicos para ciegos
Primera Biblioteca Digital para Ciegos de Habla Hispana
Historia de un bolardo
Manuel Enriquez
Dedicado a todos aquéllos que alguna vez se dejaron la rodilla en un bolardo, la cabeza en un toldo o las dos cosas.
(si usted no sabe que es un bolardo, hágase más sabio aquí)
Las primeras luces del amanecer todavía no habían rasgado la oscuridad de la
noche. El frío del otoño intentaba abrirse paso entre los botones de mi gabán.
El familiar taconeo de mi bastón aseguraba cada uno de mis pasos. De repente en
una fracción de segundo la normalidad se rompió. El bastón que resbala, no,
tropieza, un golpe seco en mi pantorrilla y la inevitable maldición:
-
¡La madre que trujo al chisme éste de las narices, cachus en sus
muertos! .
-
No te acuerdes de mi madre que ella no tiene la culpa de nada. Si
te has tropezado el problema es tuyo.
-
Pero… ¿quién eres, dónde te escondes? .
-
Está claro, el bolardo con que tan torpemente te has tropezado.
-
¡Hombre, se ve que los bromistas también madrugan!. Venga
graciosillo, menos coña que llevo prisa. A ver si vendo pronto las tiras. Por
cierto, que llevo una terminación en 93 que es una preciosidad. ¿Te interesa?.
-
Nada, que no falla, omnipresente Santo Tomás, si no lo veo no lo
creo.
-
Pero tío, tu flipas… ¿cómo me voy a creer que un estúpido
montón de chatarra pueda hablarme?… las cervezas no las empiezo hasta la hora
de comer. ¡Anda a tomarle el pelo a otro!.
-
Oye, espera un momento, todavía no he dicho que tú seas un estúpido
montón de materia orgánica, aunque debo reconocer que estoy empezando a
creerlo. Pero soy educado y me guardo las opiniones desagradables. Acércate un
poco, pon tu mano sobre mí y comprobarás por el tacto lo que tus oídos se
niegan a creer.
-
En fin, nada se pierde por comprobarlo. ¡oye ésto está muy
caliente, casi me quema!.
-
Pues espera un poco y verás lo que es coger temperatura.
-
Tío, esto se calienta a cada palabra que dices. ¿Dónde está el
truco?.
-
Jodío desconfiado, te lo repito, no hay truco. Puedo hablar y te
lo estoy demostrando. El calor que percibes es el resultado de poner todos mis
átomos en la concordancia de fase adecuada. De esta manera se originan
vibraciones que tu recibes en forma de palabras. Cosas de la física cuántica,
pero me doy cuenta que tienes un oído especialmente agudo. Supongo que será
debido a una compensación vicariante.
-
Una compensación… ¿lo que?…
-
Una compensación vicariante, burro.
Es decir tu oído compensa con su agudeza lo que te falta del sentido de
la vista. ¿Te enteras?.
-
Si, me entero de que son las 7 de la mañana y estoy hablando con
un cacho de hierro. La cena de anoche me sentó mal, es eso seguro. En fin, no
importa me gusta la idea de charlar contigo. ¿Cuándo aprendiste a hablar?.
-
Hace ya muchos años, piensa que cuando se formaron las primeras
moléculas orgánicas mis átomos tenían ya millones de años de evolución.
Pero no te creas que sólo hablo español, también domino algunas lenguas germánicas,
latín, francés, y romance entre otras. En general todas aquellas lenguas con
las que he convivido son familiares para mí.
-
¿Me vas a decir que has convivido con tantos pueblos?.
-
Mira, te cuento desde que me formé permanecí varios millones de
años en una veta de pirita. Luego me extrajeron, me fundieron allá por el
siglo III de vuestra era y me forjaron en una espada. Esa época fue
especialmente violenta, guerras saqueos y matanzas en las que sin quererlo me vi
envuelto. Añoraba mi tranquila existencia en la cuenca del Rhur donde estaba mi
mena originaria, más tarde caí en un campo de batalla cerca de Ostende. Ahí
permanecí varios siglos con el sosiego que da la oxidación y mi retorno al
mundo natural. En 1935, la tranquilidad se volvió a romper, pasé a una fundición
de Hamburgo en donde fui reconvertido en una bomba de cuyo modelo prefiero no
acordarme. Mi alma la rellenaron con un modernillo compuesto de anillos bencénicos
no saturados. Mientras caía del entonces, último modelo de Stuka de la
Luftwaffe alemana, no pude resistirlo más, llevaba ya demasiada sangre sobre mí
existencia. No me fue demasiado difícil inactivar al explosivo. Sencillamente
desplacé todos mis electrones en la dirección adecuada, me convertí así en
una especie de gigantesco imán. Los electrones del explosivo se desplazaron
rompiendo éste y dejándolo reducido a poco más que acetona. Pura física cuántica.
Permanecí varios años semienterrado, hasta que en el transcurso de una obras
me encontraron, me desactivaron definitivamente y me volvieron a refundir hasta
convertirme en lo que ahora ves. Llevo veinte años encadenado a esta acera. El
tráfico, la gente, los ruidos me agobian. Todo lo que deseo es volver al mundo
natural del que procedo, descansar mientras me oxido y refundo con la naturaleza…
-
Y yo, ¿qué podría hacer por ti?.
-
Es sencillo, arráncame de aquí y llévame a un lugar apacible,
entiérrame a poco más de un metro, mejor si el sitio es húmedo y cúbreme con
restos vegetales. Esto acelerará la oxidación.
-
Perfecto, lo ves todo muy fácil si exceptúas el que estás
embutido en cemento. Puedo llamar a Rambo para que me ayude o al ayuntamiento y
contarles que soy un ciego, que tengo por amigo a un bolardo melancólico que
quiere convertirse en pirita y que mande a una cuadrilla de operarios con
taladros para romper el cemento que te rodea. Mañana a estas horas estaré
ingresado en el López Ibor.
-
No es necesario, puedo detener durante el tiempo suficiente todos
mis átomos, mi temperatura descendería considerablemente. Esto conllevaría
una disminución en mi volumen y podrías extraerme con toda facilidad. Cosas de
la física cuántica. Luego el resto será cosa tuya.
-
Socio, me has convencido. Hace tiempo que no subo a la sierra. Voy
a recordar mis años de montañero en el equipo ONCE. Prepárate que nos vamos.
-
Estoy listo, pero recuerda, acepta este consejo, nada es por azar,
todo está regido por leyes naturales. Esa tira terminada en 93 es papel mojado,
sería mejor que te quedaras con la terminada en 44.
-
No me digas que también esto es predecible.
-
Cosas de la física cuántica.
Aquel día no vendí ningún cupón, lo pasé en la sierra.
Dejé a mi amigo enterrado en un pinar próximo a un arroyo en Guadarrama. Hoy,
años después, creería que todo había sido un sueño si no fuera porque aún
conservo una tira premiada a las dos últimas cifras y que nunca llegué a
cobrar. Cuando la miro pienso que hasta las cosas más humildes tienen mucho que
enseñarnos y, que en el fondo sólo somos una pizca de materia en lo infinito
del espacio-tiempo. Como diría un bolardo… “cosas de la física cuántica”.
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